Ellos sabían que allí vivían infancias solitarias, tristes... Sabían que su llegada iba a cambiar la situación. Por lo menos es lo que ellos pretendían.
Eran un barrio triste ya por su aspecto. Ni que decir el sentir de sus habitantes.
El humo de las chimeneas de la planificadora ennegrecía las cortinas de los dormitorios de aquellas casas. Las cortinas que se impregnaban de ese aire sucio y pestilente ennegrecía automáticamente las almas de los vecinos. Y así era el aspecto del lugar, negruzco.
To do sucedió de noche.
Comenzaron a prepararse. Cada uno en lo que más le apasionaba. Lo que sabía hacer de verdad.
A la señora, con un sobrepeso importante, no le importaba lo que la gente pudiera chismorrear sobre ella. Con su atuendo clásico circense levantaba el ánimo al resto. Ella era la que dirigía el equipo.
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